Historia

Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá

En Venezuela la obra de los Hermanos Maristas comienza el 15 de septiembre de 1925. Cinco Hermanos llegan a Maracaibo y fundan  el Colegio Nuestra Señora de Chiquinquira´, ubicada en la calle pichincha en la que sólo habían los cursos de primaria y en 1939 la Municipalidad autoriza la construcción de la estructura en la que hoy funciona el Colegio, construida y diseñada por el Arquitecto Nuncio R. Sassano, institución que en la actualidad cuenta con 950 alumnos.

En 1932, comienzan a los cursos de bachillerato, 1er año el 23 de agosto de 1932, 2do año apertura el 15 de agosto de 1933, 3º año el 20 de septiembre de 1935 y 1º de Ciencias (4º año) se inicia el 4 de octubre de 1940.

En 1966, por iniciativa de la Asociación de Padres, Representantes y Educadores del Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá, cuya Dirección secunda y estimula tal feliz iniciativa, un nuevo Colegio Marista abre sus aulas a la juventud marabina. Lo hace en el barrio “Los Estanques”. Se llama Colegio Hno. Ildefonso Gutiérrez, en homenaje al pionero de la obra Marista en Venezuela. Hoy cuenta este centro con unos 300 alumnos.

La U.E. Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá, de los hermanos maristas, se encuentra muy bien ocupada y encaminada cada vez más hacia un futuro muy prometedor en la calidad del servicio que presta “Educación con Calidad”.

Nuestra Historia al Detalle

A finales de 1924, durante su visita al Papa Pío XI, monseñor Godoy le expresó al Santo Padre su deseo de abrir un colegio. En respuesta a esto, en el Vaticano se le dijo que contactara a los hermanos Maristas.

Godoy escribió una carta al hermano Leovigildo, provincial de Lacabanne, proponiéndole la fundación de un colegio en Maracaibo. A los pocos días, éste contestó que accedía a apoyarlo en esta empresa y el primero de enero de 1925 firmaron un contrato, que se haría efectivo cuando lo aprobara el hermano superior general, como de hecho sucedió.

El hermano provincial designó a los hermanos Félix Anselmo, Emeterio Ignacio, Sebastián José, Ildefonso y Carlos Florentino, estos dos últimos como director y subdirector respectivamente.

El 16 de septiembre de 1925 en la noche arribaron al Puerto de Maracaibo estos cinco hermanos, quienes fueron recibidos por monseñor Godoy. Tras una noche de sueño poco apacible ante el calor, los mosquitos y el ruido del tranvía, amaneció el día diecisiete, y a partir de entonces los hermanos se dispusieron a preparar salones, mobiliario y útiles.

Casi tres semanas después, el 5 de octubre de 1925 a las ocho y media de la mañana, comenzaba a contarse la historia de esta institución. Treinta y ocho niños estrenaron el naciente colegio en los salones del seminario, distribuidos en primero, segundo y tercer grado, en los cuales fueron ubicados tras un examen al que se les sometió. Las clases se iniciarían al día siguiente.

El hito marista

En 1925 Maracaibo disponía de algunas escuelas que llegaban hasta cuarto grado; sólo una tenía los seis grados completos: la Escuela Graduada “Rafael Urdaneta”. Para la enseñanza secundaria, sólo existía el liceo “Rafael María Baralt”, del que egresaban unos diez alumnos cada año.

La mayoría de las escuelas de la época estaba ubicada en casas de familia: no tenía patio, el material escolar era precario y los alumnos no tenían libros –o muy pocos los poseían–; se conformaban con copiar lo que dictaba el profesor. Los padres no recibían información de las evaluaciones hasta el final del año. Los castigos físicos eran comunes y se aplicaban con la palmeta y la regla. Para los casos especiales se recurría al calabozo con cepo. Los alumnos no recibían formación religiosa y sólo en algunas escuelas se les preparaba para su primera comunión.

Por el contrario, los hermanos maristas procuraban que hubiese patio amplio, se hacían presentes en los juegos de los alumnos y conferían mucha importancia al deporte. Los alumnos disponían de un libro para cada materia y se hacían evaluaciones continuas mediante exámenes o trabajos escritos. Los padres eran informados semanal o mensualmente sobre el desempeño de sus hijos. Mediante el sistema de émulos, se incitaba a la superación continua. Los castigos consistían en quitar puntos por mala conducta, realizar trabajos extras o alargar el tiempo de clases. Además, se impartía inglés, solfeo y religión. Los días domingo y festivos era obligatoria la asistencia a misa.

Escollos, aplomo y cuatro sedes a cuestas

El primer trimestre todo se desarrolló con normalidad, pero a finales de diciembre de 1925 monseñor Godoy les exigió a los maristas que desocuparan los salones que estaban usando, pues debía acoger a los padres eudistas, a quienes había invitado para dirigir el seminario.

En esta situación, los maristas se sintieron atrapados y pensaron en marcharse a otro país a cumplir su misión, pero el padre de uno de los alumnos, Nemesio Castillo, los detuvo en su intento de deserción y al mismo tiempo los animó y ayudó.

Nemesio Castillo dijo a los hermanos que él era masón de alta graduación, de la venerable logia de los regeneradores y que, como tal, “nada quería con los curas”. Sin embargo, en medio de un sentimiento de ira e impotencia, tomó la cruz que colgaba del cuello del hermano Ildefonso, el director, y exclamó: “Si ustedes creen en Éste, no pueden abandonar Maracaibo. Estamos dispuestos a ayudarles. Maracaibo necesita un buen colegio y acreditados educadores, y ambos los tenemos en ustedes”.

A continuación, Nemesio Castillo propuso que se creara una Junta Protectora del Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá para recaudar los fondos necesarios para conseguir o construir nuevos locales, y así se hizo. Esta junta la integraron Enrique Acosta, Adolfo D’Empaire, Jorge Pineda, Nemesio Castillo, Waldo Ordóñez, Alejandro de Jongh y Salomón Henríquez. Con lo recaudado, a lo que se sumó el aporte de cinco mil bolívares por parte del presidente de la República, general Juan Vicente Gómez, se compraron unas casas y terrenos en la calle Santa Elena, cerca de la avenida Bella Vista, donde se inició el período escolar 1926-1927.

Asimismo, los maristas abrieron el 16 de septiembre de 1935 –cuando cumplían una década en Maracaibo– el colegio Champagnat, en la intersección de las calles Venezuela y Aurora, por cuanto ya la nómina de alumnos no cabía en la sede de Santa Elena. Ambos, los colegios Chiquinquirá y Champagnat, se fusionaron el 31 de julio de 1943 en lo que hoy es la actual sede de Los Maristas, en la avenida 8 (Santa Rita). La Capilla del Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá fue culminada el 26 de abril de 1944 y su techo fue decorado por el pintor español de larga residencia en el Zulia, Carlos de Solaeche, quien impartía educación artística en la institución.

La sede desde 1943

Relata el historiador Orlando Arrieta, quien estudió la primaria y el bachillerato en este colegio y egresó en 1953: “Los hermanos maristas querían construir un gran edificio donde colocar su colegio y, para tal fin, adquirieron un terreno de veinte mil metros cuadrados situado en la avenida Santa Rita, contiguo al recién construido Barrio Obrero”. La primera piedra fue colocada el 17 de mayo de 1942 y, poco más de un año después, el 31 de julio de 1943, se inauguraba la sede donde el colegio funciona hasta hoy.

“El terreno junto al edificio”, continúa Arrieta, “donde hacíamos el recreo, era de superficie muy irregular, lo que llamamos puro zanjón, con animales de todo tipo, incluyendo las culebras machorreras, motivo por el cual fue siempre de gran preocupación para los hermanos su acondicionamiento y, contando con la colaboración de algunas compañías constructoras que vaciaron los escombros en el terreno y lo rellenaron por completo, este agreste espacio se convirtió en un soberbio campo deportivo”.

En el Diccionario General del Zulia se comenta que “El colegio gozó de un gran prestigio en las décadas del cuarenta y cincuenta, cuando se consideraba que los mejores centros educativos del Zulia eran Los Maristas, el Gonzaga y el Baralt. Además, tuvo una gran banda de guerra, editó la revista Ensayos, y sus alumnos destacaban en el deporte regional y en sus estudios, lo cual hizo que a los pocos años integraran la clase dirigente regional y ocuparan cargos nacionales”.

Hermanos Maristas de la Enseñanza (F.M.S.: Frates Maristae a Scholis)

Marcelino Champagnat fundó, el 2 de enero de 1817, en la Valla (Francia), un Instituto religioso laical, o Instituto religioso de hermanos, con el nombre de Hermanitos de María. Él lo concebía como una rama de la Sociedad de María.

La Santa Sede lo aprobó en 1863 como Instituto autónomo y de derecho pontificio. Respetando nuestro nombre de origen, nos dio el de Hermanos Maristas de la Enseñanza (F.M.S.: Fratres Maristae a Scholis).

 Los hermanos maristas son hermanos consagrados a Dios, que siguen  a Jesús al estilo de María, que viven  en comunidad y que se dedican especialmente a la educación de los niños y de los jóvenes, con más cariño por aquellos que más lo necesitan.

Son más de 3.500 hermanos, diseminados en 79 países de los cinco continentes. Comparten su tarea de manera directa con más de 40.000 laicos y atienden  cerca de 500.000 de niños y jóvenes.

El itinerario marista comprende las siguientes etapas: discernir la vocación, postular el ingreso en comunidades de formación, vivir un tiempo de noviciado que culmina con la profesión de los votos o compromisos, proseguir un período de formación académica para las tareas que se desempeñarán en los años sucesivos e iniciar de manera directa su dedicación a los niños y jóvenes en las más diversas situaciones, consciente de que su servicio constituye un valor inestimable.

http://www.champagnat.org

Marcelino Champagnat - 1789-1840

La Congregación de los Hermanos Maristas surge en Francia como una idea de MARCELINO CHAMPAGNAT,  quien nace en la aldea de Rosey, Parroquia de Marlhes, en la región montañosa de Lyon, Francia, el 20 de mayo de 1789. Él y su familia conviven con la Revolución Francesa. Tuvo 9 hermanos y su educación tuvo la influencia de su padre, hombre justo, de carácter fuerte, empleado público que trabajaba para la revolución; de su madre, mujer de su casa con fuertes convicciones cristianas; y de su tía, religiosa, mujer que buscaba inculcarle la formación cristiana y el amor a los semejantes. Todas estas personas le dan base a lo que resulta ser Marcelino Champagnat, hombre fuerte de carácter, trabajador incansable de alma y corazón sensible atento a las realidades que lo rodean, pragmático. Hombre que como su padre buscaba  la justicia desde el punto de vista de Dios y de los hombres.

Marcelino, revolucionario, pero en otro orden de cosas, de los que no estaban contentos con el hambre, la miseria, la ignorancia de la ciencia y de Dios en niños y jóvenes y puso su vida, como “revolucionario de los buenos” a disposición, para librar la batalla contra dicha hambre, miseria e ignorancia.

Marcelino Champagnat, fue un sacerdote dedicado totalmente a la educación cristiana. Comprende que es la escuela el medio más eficaz para lograr “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.

Inspirado en su devoción a  la  VIRGEN MARÍA funda la Congregación de los Hermanos Maristas el 2 de enero de 1817.

La obra de Marcelino Champagnat abarca: Escuelas, Colegios, Universidades, en 78 naciones de los cinco continentes, con 869 Colegios, más de 500.000 alumnos, 8.000 Hermanos y miles de Profesores que colaboran con los Hermanos.

El campo misionero ocupa lugar primordial en la Institución Marista. En la actualidad trabajan en Misiones 1.020 Hermanos, de los cuales 400 son autóctonos; 551 en África, 100 en Oceanía, 291 en Asia, 78 en América. Dirigen en las Misiones 142 Escuelas y Colegios, e imparten la instrucción y la educación a 87.580 alumnos.

Marcelino, cuando ve a niños y jóvenes sin educación ni catecismo, exclama: “Necesitamos hermanos”. El 2 de enero de 1817 inicia con dos jóvenes el proyecto del Instituto de los hermanitos de María.

El papa Juan Pablo II canoniza a Marcelino el 18 de abril de 1999 en la plaza San Pedro del Vaticano y le reconoce como santo de la Iglesia universal.

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